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¿Qué son las Mariposas?

“Mariposa” es el nombre común que reciben los Lepidópteros: orden de insectos nombrado por la reunión de las palabras griegas: Lepis: escama y pteron: ala. “ala cubierta de escamas”.

Son el segundo orden de insectos más numeroso después de los coleópteros, alcanzan las 175.000 especies, se agrupan en 127 familias y desarrollan uno de los procesos de crecimiento más fascinantes entre los animales: la metamorfosis.  Comienzan su vida como huevo, eclosionan dando lugar a una oruga y antes de convertirse en un adulto, adquieren la forma de una cápsula inmóvil, conocida como: pupa. Esta les permite desarrollar el llamativo par de alas que caracteriza a su etapa adulta.

Los lepidópteros o mariposas, se estructuran en base a un cuerpo con seis patas y dos pares de alas cubiertas de escamas imbricadas, es decir, perfectamente alineadas y ordenas para volar según sus necesidades; Muy similares a las escamas de los peces, que se alinean para facilitar el desplazamiento de estos animales en el agua. En las mariposas, este alineamiento de escamas estabiliza el paso del viento por debajo y sobre las alas durante el vuelo.

Cómo la mayoría de los insectos en su etapa adulta, el cuerpo de las mariposas esta compuesto por tres secciones: cabeza, tórax y abdomen. Desde el tórax y el abdomen, se desarrollan tres pares de patas y desde la cabeza nace un par de antenas bien desarrolladas y una de las estructuras más características de los lepidópteros: la espiritrompa; una formación parecida a una lengua que les permite extraer el néctar de las flores y así obtener energía para volar y reproducirse.  Antes de esta etapa, el cuerpo de las mariposas es completamente diferente. El huevo, la larva y la pupa, todas etapas anteriores a la adultez, son estados de desarrollo que describen modificaciones profundas y estructurales. Además de presentar diferencias externas evidentes, sus los órganos internos y el comportamiento que las define, son particulares a cada etapa de desarrollo.

Agricultura y ecología

Las mariposas como amenaza e indicadores de equilibrio medioambiental

Durante el estado larvario, varias especies son consideradas plagas para el desarrollo de la agricultura. Una gran cantidad de huevos son depositados en tierras cultivadas y al nacer, las larvas pueden causar importantes daños por la alta concentración de ejemplares que sobrevive en tierras dominadas por una sola especie vegetal, también llamados: monocultivos. Bajo estas condiciones, la presencia de biocontroladores naturales es escasa y muchas veces nula; las tierras agrícolas, donde generalmente se reproduce una o dos especies vegetales, prácticamente no tienen depredadores naturales para algunas larvas de mariposas. En estos casos, la aplicación de pesticidas y otras técnicas, no biológicas de control de plagas, son las encargadas de regular su población, y de paso, la de muchos otros insectos y especies vegetales.

En entornos silvestres o con algún grado de intervención humana, la presencia y diversidad de mariposas constituye uno de los indicadores más confiables de la salud y calida ecológica de una región determinada. Las mariposas son insectos altamente sensibles a los cambios de un ecosistema, sobre todo a modificaciones químicas del aire, del agua o de la tierra. Desde modificaciones en sus hábitos de vuelo o prácticas de reproducción, hasta disminuciones furtivas o progresivas de su población, constituyen fenómenos que develan distintos grados de empobrecimiento ambiental y ecológico. Las mutaciones físicas en especies expuestas radiactividad, cómo las dadas a conocer desde Japón en agosto de este año, son una clara muestra de ello. Por lo mismo, en el contexto de los actuales desafíos ambientales, el valor “indicativo”  de su forma de desarrollarse, convierte al estudio de las mariposas en una disciplina tremendamente relevante para recibir el futuro. La lepidopterología está vinculada con información que podría resultar relevante para comprender mejor los procesos que intervienen en la conservación ambiental o incluso la restauración de ecosistemas dañados.

Por otra parte, en conjunto con las abejas, las mariposas intervienen directamente en el proceso que sustenta la alimentación de todos lo animales de la tierra, incluido el ser humano:  la polinización. Para alimentarse o beber agua,  una mariposa se detiene en al menos 2000 flores o charcos de agua al día, transportando en sus patas y cuerpo velludo, el polen de cada una de ellas, para depositarlo en otras. Una buena parte del éxito del proceso que permite la fertilización y reproducción de las plantas, depende de la supervivencia de las abejas y las mariposas.

 

"En conjunto, científicos y aficionados han producido un cuerpo de conocimientos que supera ampliamente los límites de la entomología, entregándonos muchas veces, la posibilidad de entender los vínculos culturales, sociales y productivos que nos relacionan significativamente con ellas".

Observar e interpretar

Las mariposas como objetos de la ciencia y la cultura

Observar mariposas, de forma sistemática o simplemente como resultado de experiencias cotidianas, es una actividad que encuentra adherentes en un gran número de personas. Todo lo que ‘sabemos’ y percibimos respecto a ellas, provienen de fuentes tan diversas como la agricultura, la industria forestales, la botánica e incluso actividades próximas al desarrollo cultural, como el paisajismo y algunas formas de arte. Tal es el caso de los artesanos de rari, que producto de su vínculo territorial con las mariposas y la materia prima que trabajan, crearon una de las más tradicionales piezas de arte popular de nuestro país: “las mariposas de crin” . En conjunto, científicos y aficionados han producido un cuerpo de conocimientos que supera ampliamente los límites de la entomología, entregándonos muchas veces,  la posibilidad de entender los vínculos culturales, sociales y productivos que nos relacionan significativamente con ellas.

 Aún así, los aportes de la lepidópterología, siguen siendo los más desconocidos por todos nosotros. Asombrosos detalles respecto de sus hábitos de vuelo, la forma en que se alimentan, sobreviven, se reproducen e interactúan con el ecosistema que las acoge, son proporcionados de forma sistemática por esta rama de la entomología.  Información que en el tiempo, se profundizada y enriquece a través de nuevos estudios. Lo que se conoce hoy, probablemente será complementado, o incluso desechado como resultado de nuevos descubrimientos. ¿Porqué una especie vuela más intensamente al atardecer, mientras otras lo hacen durante la mañana?; o ¿Cómo la desaparición furtiva de una mariposa tiene relación con el exterminio de una planta?; son conocimientos que se construyen con los años y además, colaboran con uno de los aspectos más complejos de las ciencias biológicas: la clasificación e identificación filogenética de las especies.

Cómo sucede con el estudio de todos los animales, al estudiar mariposas es imprescindible identificarlas no sólo como organismos individuales, sino como integrantes de grupos mayores, con los que comparten diversas cualidades y se relacionan a través del tiempo.  La ciencia de clasificar y agrupar, estableciendo familias de especies, es conocida como taxonomía, y a través de la clasificación filogenética, es posible conocer las relaciones de parentesco evolutivo que desarrolla un grupo de especies en el tiempo, es decir: Dé que especie o especies de la antigüedad, provienen las mariposas y animales que conocemos hoy.

Una de las clasificaciones más populares ha sido la que generó el grupo de las rhopaloceras y las heteroceras, el primero se refiere a las mariposas que vuelan de día y el segundo a las que lo hacen mayoritariamente de noche; Por la visibilidad de sus formas y colores, las mariposas diurnas nos resultan notoriamente más atractivas que las nocturnas –las polillas, como las conocemos en Chile. Esto, a pesar de que representan más del 70% del universo de especies conocidas y ser capaces de desarrollar diseños igualmente atractivos como lo demuestra Attacus atlas, la mariposa nocturna más grande del mundo. Aún así, mientras no tengamos la capacidad de ver en la oscuridad, seguiremos siendo naturalmente más atraídos por el grupo de mariposas que vuela mientras vamos de paseo o salimos a trotar por las mañanas.

Sin embargo, con los años, y como resultado del mencionado proceso de actualización, esta clasificación fue desechada por la entomología. Nuevos estudios, en su mayoría genéticos, ubicaban a especies nocturnas, en la misma familia de especies probadamente diurnas, por lo que se llegó a la conclusión de que dicha división constituía una clasificación ficticia.

Sin importar sus hábitos de vuelo, la espectacular diversidad de formas y colores que desarrollan las mariposas en sus alas, son sin duda la característica que las ubica dentro de los insectos más atractivos y populares del planeta. Ya sea como resultado de experiencias cotidianos o encuentros excepcionales, logran causar una gran impresión en las personas; y hoy, gracias a la ciencia se conocen aún más razones para sorprendernos:  Desde Ornithoptera alexandrae hembra, habitante de Nueva Guinea, y considerada por muchos la mariposa diurna más grande del mundo, con alrededor de 30 centímetros de envergadura alar, hasta Brephidium exilis que no supera el centímetro de envergadura, existen mariposas que han evolucionado en torno a diversas cualidades de supervivencia, logrando adaptarse a ‘casi’ todos los climas de la tierra. Aún cuando la mayoría habita entre los trópicos (mariposas tropicales), hay varias especies y familias que han desarrollado habilidades para vivir entre fuertes vientos, escasa vegetación, orillas de mar y considerables alturas, cómo por ejemplo, las mariposas de Chile. La antártica y el círculo ártico son los únicos lugares de la tierra donde no han sido vistas.